Autocaravana Capuchina
caltanissetta
6 viajeros
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115 €

La isla más grande del Mediterráneo tiene capas que solo se revelan cuando hay tiempo de ir despacio: templos griegos que al amanecer no comparten con nadie, mercados que huelen a azafrán y al mar, pueblos barrocos donde el paseo de la tarde es un ritual, volcanes que todavía respiran y costas con una variedad de playas, acantilados y calas que sorprenden cada día. Recorrerla en autocaravana con Yescapa durante una semana permite hacer una ruta circular que da la vuelta a la isla, durmiendo donde el día termina y despertando con un paisaje diferente cada mañana.
Palermo es la entrada natural a Sicilia y una de las ciudades más fascinantes e impredecibles de Italia. Fundada por los fenicios en el siglo VIII a.C. y desarrollada por griegos, romanos, árabes, normandos y españoles, su arquitectura es un archivo vivo de todas esas culturas superpuestas. El mercado de Ballarò, en el casco histórico, es el mejor arranque posible: colores, olores de especias, voces que se mezclan en siciliano y el aroma del fritto misto saliendo de los puestos callejeros crean un ambiente que en ningún otro mercado de Europa existe. La Catedral normanda —con su mezcla de estilos que resume mil años de historia en una sola fachada—, la Capella Palatina con sus mosaicos dorados de tradición bizantina y la Fontana Pretoria en la plaza del mismo nombre son las visitas del día.
Monreale, a apenas diez kilómetros de Palermo, merece una tarde entera. Su catedral normanda del siglo XII tiene el interior cubierto de mosaicos dorados de 6.340 metros cuadrados —los más extensos del mundo en su estilo— con escenas del Antiguo y Nuevo Testamento que tardan horas en absorberse del todo. El claustro que la rodea, con sus 228 columnas de mármol decoradas, es igualmente extraordinario.
El segundo día es el de los templos griegos del oeste, los más solemnes y los mejor situados de toda la isla. El Templo de Segesta, del siglo V a.C., está construido sobre una colina rodeada de prados con vistas a un valle que no ha cambiado en dos mil años. Sus 36 columnas dóricas están intactas y el teatro griego en lo alto de la colina, desde donde se ven los montes y el mar al fondo, tiene uno de los emplazamientos más espectaculares de la antigüedad clásica. Conviene llegar temprano para tenerlo prácticamente solo.
Selinunte, en la costa sur, es el yacimiento arqueológico griego más extenso de Europa: una antigua ciudad fundada en el siglo VII a.C. y destruida por los cartagineses en el 409 a.C. que nunca fue reconstruida, lo que la convirtió en una especie de Pompeya griega congelada en el tiempo. Sus templos, algunos en pie y otros caídos en columnas gigantes sobre el suelo como si fueran dominós, se extienden sobre una cresta con vistas al Mediterráneo que al atardecer se convierte en uno de los paisajes más evocadores de toda la isla. La autocaravana con Yescapa puede dejarse en el amplio aparcamiento del yacimiento y hacer la visita a pie con todo el tiempo que merece.
El tercer día es para Agrigento y lo que muchos consideran la visita más impresionante de Sicilia. El Valle de los Templos no está en realidad en un valle sino en una cresta que mira al Mediterráneo, y ese detalle cambia todo: los templos griegos del siglo V a.C. —de la Concordia, de Juno, de Hércules, de Zeus— se elevan sobre el horizonte con el mar al fondo en una panorámica que al amanecer, cuando todavía no ha llegado nadie, produce una emoción difícil de describir. El Templo de la Concordia, con sus 34 columnas prácticamente intactas, es uno de los edificios de la antigüedad clásica mejor conservados del mundo, comparable al Partenón. Al atardecer, cuando la luz naranja baña la piedra dorada, la escena está entre las más fotografiadas de Italia.
La Scala dei Turchi, a pocos kilómetros de Agrigento, es la parada de la tarde: una formación de roca caliza blanca que desciende en escalones naturales hacia el mar, con un contraste cromático de blanco, azul y ocre que resulta casi irreal. Está prohibido subir a las rocas para preservarlas, pero verlas desde la playa adyacente es igualmente impresionante. La ciudad de Agrigento, en lo alto de la colina sobre el yacimiento, tiene un casco histórico medieval tranquilo con una Catedral del siglo XI y calles que se vacían al mediodía en el mejor estilo siciliano.
El cuarto día combina el interior más sorprendente con la ciudad más histórica de la isla. A media hora al norte de Agrigento está Piazza Armerina, y a sus afueras la Villa Romana del Casale, declarada Patrimonio de la Humanidad: una mansión del siglo IV d.C. que un terremoto enterró bajo metros de barro durante siete siglos, lo que explica el estado extraordinario de conservación de sus mosaicos. Más de 3.500 metros cuadrados de mosaicos policromos —escenas de caza, retratos, mitología, y el famoso mosaico de las Diez Chicas en bikini practicando deporte que adelanta en quince siglos el espíritu olímpico moderno— convierten esta villa en uno de los yacimientos romanos más fascinantes de Europa.
Siracusa, en el sureste de la isla, cierra el día con la ciudad que en el siglo V a.C. fue la más poderosa del mundo griego occidental. El Parque Arqueológico de Neapolis tiene el teatro griego del siglo V a.C. con capacidad para 15.000 espectadores, todavía hoy en uso para representaciones estivales, el Anfiteatro Romano y la Oreja de Dionisio, una cueva de granito de 23 metros de altura cuya forma de oreja y cuya acústica excepcional dieron pie a la leyenda de que el tirano Dionisio la usaba para escuchar las conversaciones de sus prisioneros. La isla de Ortigia, conectada al continente por un puente, tiene la Catedral construida literalmente sobre las columnas del templo griego de Atenea del siglo V a.C., incorporadas en los muros de la iglesia medieval: ningún otro edificio de Europa hace más evidente la continuidad entre el mundo antiguo y el cristiano.
El quinto día arranca en Catania, la segunda ciudad de Sicilia, destruida por el gran terremoto de 1693 y reconstruida enteramente en barroco siciliano sobre la lava del Etna. Esa piedra volcánica negra mezclada con el mármol blanco en fachadas, escaleras y plazas le da un carácter inconfundible. La Piazza del Duomo con el elefante de lava —símbolo de la ciudad— y la Catedral de Sant'Agata son el centro de la visita. El mercado de la Via Pardo, con sus puestos de pescado fresco, sus voces y su caos organizado, es uno de los más vivos e intensos de toda Italia y una visita que despierta todos los sentidos. Desde Catania, el Anfiteatro Romano enterrado bajo la ciudad moderna y la Via Crociferi, el eje barroco más elegante del centro, completan una mañana que pasa demasiado deprisa.
Taormina, a media hora al norte, tiene ese don de los lugares que saben que son especiales. Su teatro grecolatino del siglo III a.C. —con el Etna de fondo nevado en invierno y el mar Jónico a los pies— es la imagen más icónica de Sicilia. El pueblo medieval que lo rodea, con su corso umberto lleno de boutiques y terrazas, la Piazza IX Aprile con sus vistas al mar y la Iglesia de San Giuseppe son el complemento perfecto para una tarde que termina con el Etna encendiéndose de naranja al ponerse el sol.
El sexto día es para el volcán. El Parque Natural Regional del Etna, Patrimonio de la Humanidad, ocupa el noreste de la isla con sus casi 60.000 hectáreas de paisaje volcánico. El Etna es el volcán más alto de Europa con sus 3.340 metros y uno de los más activos del mundo, con erupciones que los sicilianos siguen con una mezcla de respeto y normalidad que viene de generaciones. La ruta más popular sube desde el lado sur, por Nicolosi, hasta el Rifugio Sapienza a 1.900 metros, desde donde el teleférico asciende en ocho minutos hasta los 2.500 metros. Desde allí, guías autorizados llevan a los grupos hasta los cráteres más recientes, caminando entre campos de lava solidificada, conos adventicios y fumarolas que recuerdan que el volcán nunca duerme del todo.
El lado norte del Etna, por la carretera que sube desde Linguaglossa, tiene un carácter diferente y menos masificado: viñedos plantados en suelo volcánico negro que producen vinos de una personalidad única, bosques de pino y abedul que crecen sobre las coladas y pequeños pueblos como Bronte —la capital mundial del pistacho— donde comprar la pasta di pistacchio que en Sicilia se pone en todo, desde los cannoli hasta el gelato, es una de las mayores alegrías del viaje.
El séptimo día cierra la ruta con uno de los pueblos más bonitos de Italia. Cefalù está enclavado al pie de una roca de 270 metros —la Rocca— que cae sobre el mar y que en la Antigüedad fue ciudad independiente. El casco histórico medieval con sus calles estrechas, su lavadero árabe del siglo IX en pleno centro urbano y su catedral normanda del siglo XII —con unos mosaicos dorados del ábside considerados entre los más bellos de Sicilia— crean un conjunto que se disfruta paseando sin plan. La playa de Cefalù, protegida por la Rocca y con el pueblo de fondo, es una de las más fotografiadas del Mediterráneo. Subir a la Rocca al amanecer, cuando el pueblo todavía duerme y el mar está en calma, es el mejor cierre posible para una semana en una isla que, cuanto más se recorre en autocaravana con Yescapa, más grande e inagotable parece.
Descubrir Sicilia a tu propio ritmo, de volcán en templo y de mercado en cala, es una experiencia que se disfruta mucho mejor en autocaravana. Por eso, cada vez más viajeros apuestan por recorrer la isla en autocaravana o camper con Yescapa, una forma de viajar que te permite parar donde quieras y vivir Italia desde dentro.
Almendra B
Prefiero las rutas menos conocidas, los pueblos pequeños, las tradiciones locales y los viajes improvisados.
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