Autocaravana Capuchina
caltanissetta
6 viajeros
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115 €

Sicilia es la isla más grande del Mediterráneo y una de las más fascinantes de Europa. Tres mil años de historia condensados en 25.000 kilómetros cuadrados: templos griegos del siglo V a.C. que superan en número y conservación a los de la propia Grecia, ciudades barrocas reconstruidas tras un terremoto catastrófico, el volcán activo más alto de Europa, playas de arena negra y blanca que compiten con las del Caribe, mercados árabes que huelen a azafrán y menta, y una cocina que mezcla influencias griegas, árabes, normandas y españolas en platos que no existen en ningún otro lugar del mundo. Recorrerla en autocaravana con Yescapa permite atravesar todos estos paisajes sin cambiar de casa, parar donde el volcán te llame o donde el agua sea demasiado azul para seguir conduciendo.
Un dato práctico: para llegar a Sicilia con la autocaravana lo más habitual es cruzar el Estrecho de Messina en ferry desde Villa San Giovanni, en Calabria, un trayecto de apenas veinte minutos. También hay ferrys desde Nápoles directamente a Palermo. Una vez en la isla, la pernocta libre en autocaravana está técnicamente prohibida en Italia, aunque en la práctica la isla es muy permisiva y hay aparcamientos gratuitos junto a la mayoría de las playas y pueblos.
Si ya te dan ganas de descubrir Sicilia, aquí tienes cómo visitarla en 3 días y ponerte rumbo a tu próximo destino en autocaravana.
La entrada más espectacular a Sicilia es por el noreste, cruzando el estrecho desde Calabria hasta Messina y subiendo enseguida a Taormina. Este pueblo enclavado en un promontorio a 200 metros sobre el mar Jónico es posiblemente el más fotografiado de Sicilia y con razón: sus calles de piedra lávica, sus terrazas con buganvillas, sus vistas simultáneas sobre el Etna y el mar, y sobre todo su teatro grecolatino del siglo III a.C. —donde los romanos añadieron gradas y el Etna sirve de telón de fondo— conforman una imagen que cuesta creer que sea real. El teatro es uno de los más espectaculares del mundo antiguo y todavía hoy se usa para conciertos y festivales en verano. Bajar hasta la Playa de Isola Bella, con su islote conectado a la orilla por una franja de arena, es la mejor forma de terminar la mañana.
Por la tarde, la ruta sube al Etna. El volcán más alto de Europa en actividad —3.340 metros— y Patrimonio de la Humanidad domina toda la esquina noreste de Sicilia y se ve desde casi cualquier punto de la isla. El Parque Natural Regional del Etna tiene varios accesos; el más popular es desde el lado sur, por Nicolosi, donde un teleférico sube hasta los 2.500 metros y desde allí guías autorizados llevan a los grupos hasta los cráteres más recientes. Las corrientes de lava solidificada, los cráteres secundarios cubiertos de nieve en invierno y la flora volcánica única en el mundo —con brezos, genistas y helechos que crecen sobre la lava negra— hacen del Etna un paisaje que no tiene parangón en Europa. Para dormir con vistas al volcán, el entorno de Catania, a los pies del Etna, es el mejor punto de partida para el día siguiente.
El segundo día recorre el este y el sureste, el tramo más rico en historia y el que mejor resume la complejidad de Sicilia. Catania, segunda ciudad de la isla, fue destruida por el gran terremoto de 1693 y reconstruida enteramente en estilo barroco siciliano sobre la lava del Etna. Ese origen volcánico da a la ciudad un carácter inconfundible: la piedra lávica negra se mezcla con el mármol blanco en fachadas, escaleras y plazas de una teatralidad que sorprende a quien llega sin expectativas. La Piazza del Duomo con el elefante de lava —símbolo de la ciudad— la Catedral de Sant'Agata, el Anfiteatro Romano y el mercadillo del pescado de la Via Pardo, uno de los más vivos e intensos de Italia, son el mejor inicio del día.
Desde Catania son menos de sesenta kilómetros hasta Siracusa, una ciudad que fue en el siglo V a.C. la más poderosa del mundo griego occidental, más grande que Atenas. El Parque Arqueológico de Neapolis —con el teatro griego del siglo V a.C. todavía en uso para representaciones estivales, el Anfiteatro Romano y la Oreja de Dionisio, una cueva de 23 metros de altura cuya acústica amplifica los sonidos de forma asombrosa— es uno de los yacimientos arqueológicos más impresionantes de Europa. La isla de Ortigia, el casco histórico de Siracusa conectado al continente por un puente, tiene la Catedral construida sobre las columnas del templo griego de Atenea del siglo V a.C. y la fuente de Aretusa, un manantial de agua dulce que brota junto al mar. Por la noche, el Val di Noto —una serie de pueblos barrocos UNESCO como Noto, Modica y Ragusa Ibla— está a menos de una hora y merece una parada para cenar cannoli y chocolate de Modica, el más antiguo y puro del mundo.
El tercer día es el más diverso de la ruta: historia antigua por la mañana, formación natural única al mediodía y capital barroca por la tarde. Agrigento guarda el Valle de los Templos, la mayor concentración de templos griegos del mundo fuera de Grecia y Patrimonio de la Humanidad. Construidos entre los siglos VI y V a.C. sobre una cresta rocosa con el Mediterráneo al fondo, los templos de la Concordia, Juno, Hércules y los demás crean una panorámica que al atardecer —cuando la luz naranja los baña— está entre las más impresionantes de la cuenca mediterránea. El Templo de la Concordia, con sus 34 columnas casi intactas, es uno de los edificios de la antigüedad clásica mejor conservados del mundo.
A pocos kilómetros, la Scala dei Turchi es una formación de roca caliza blanca que desciende en escalones naturales hacia el mar, con un contraste cromático de blanco, azul y ocre que resulta casi irreal. Está prohibido subir a las rocas para preservarlas, pero verlas desde la playa o desde un barco es igualmente impresionante. Palermo, la capital, cierra el día y la ruta: un mercado de Ballarò que huele a especias árabes, la Capella Palatina con sus mosaicos dorados byzantinos, la Catedral normanda que mezcla en una sola fachada el gótico, el árabe y el barroco, y la Plaza Quattro Canti donde la historia se acumula en capas como en ningún otro lugar de Italia. Es el mejor cierre posible para tres días en una isla que, cuanto más se recorre en autocaravana con Yescapa, más profunda y más generosa parece.
Descubrir Sicilia a tu propio ritmo, de volcán en templo y de playa en mercado, es una experiencia que se disfruta mucho mejor en autocaravana. Por eso, cada vez más viajeros apuestan por recorrer esta isla en autocaravana o camper con Yescapa, una forma de viajar que te permite parar donde quieras y vivir Italia desde dentro.
Almendra B
Prefiero las rutas menos conocidas, los pueblos pequeños, las tradiciones locales y los viajes improvisados.
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