Autocaravana Perfilada
Las Puntas
4 viajeros
5,0Best Owner
A partir de
125 €

El Hierro es la más pequeña, la más occidental y la menos conocida de las Islas Canarias. Y eso, que a primera vista podría parecer un inconveniente, es precisamente su mayor virtud. Reserva de la Biosfera, Geoparque declarado por la UNESCO y la única isla española que funciona con energía 100% renovable, El Hierro es un destino para quienes buscan lo que el turismo de masas todavía no ha encontrado: playas volcánicas sin sombrillas, bosques de laurisilva cubiertos de niebla, piscinas naturales en las que nadar con el Atlántico como fondo y un silencio que en Canarias ya es un lujo. Recorrerla en camper con Yescapa es la manera natural de vivirla: la isla es pequeña, las carreteras son sinuosas y lentas, y ese ritmo encaja perfectamente con la vida sobre ruedas.
Si ya te dan ganas de descubrir El Hierro, aquí tienes cómo visitarla en 3 días y ponerte rumbo a tu próximo destino en camper.
La puerta de entrada a la isla es Valverde, la capital, el único municipio canario que no está en la costa. Un pueblo tranquilo, de casas blancas y ambiente apacible, con la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción y el Centro Etnográfico Casa de Las Quinteras como paradas para entender la historia y las tradiciones de los herreños. Muy cerca está Tamaduste, un pueblo costero pequeño y colorido con casas apiñadas alrededor de una pequeña bahía y unas piscinas naturales abiertas al mar, perfectas para un primer baño tranquilo. Siguiendo la costa norte se llega a Charco Manso, uno de los rincones más salvajes y fotogénicos de la isla: una costa basáltica de arcos naturales sobre los que el Atlántico golpea formando chorros de agua que parecen géiseres, rodeada de una vegetación de contraste volcánico que hipnotiza.
La tarde es para el Valle de El Golfo y el Mirador de Jinama, uno de los miradores más espectaculares de las Canarias. Construido sobre un acantilado que cae casi en vertical, ofrece una vista completa del Valle del Golfo —una antigua caldera volcánica que el mar llenó parcialmente— con La Frontera al fondo y, en días claros, la silueta de La Palma en el horizonte. Bajar desde el mirador hasta La Frontera por la carretera H1-1 es uno de los descensos más impresionantes de la isla. Las Piscinas de La Maceta, en el extremo oeste del valle, son otro imprescindible: piscinas naturales entre rocas volcánicas con el Atlántico entrando y saliendo, con área habilitada para autocaravanas gratuita junto a la orilla.
El segundo día es el más variado y el que más se aleja de cualquier idea previa de Canarias. La primera parada es El Sabinar, en La Dehesa, un bosque abierto de sabinas centenarias que los vientos alisios han esculpido en formas imposibles: troncos retorcidos, copas que caen hasta el suelo, siluetas que parecen diseñadas por un artista. La sabina es el emblema de El Hierro —aparece en su escudo— y este bosque es uno de los monumentos vegetales más asombrosos de España. El camino es estrecho en el tramo final, así que conviene aparcar antes de llegar y continuar a pie. Cerca está el Santuario de Nuestra Señora de los Reyes, patrona de la isla, en un enclave de una soledad casi mística.
Desde La Dehesa, la pista lleva hasta el Faro de Orchilla, en el extremo más occidental de España y del mundo conocido durante siglos: fue aquí donde el astrónomo Ptolomeo estableció el Meridiano Cero en el siglo II, una referencia que se mantuvo durante más de mil años hasta que fue trasladada a Greenwich. El faro, aislado entre lava negra y el océano, es uno de esos lugares que producen una emoción difícil de explicar. Quedarse a dormir con la camper de Yescapa junto al faro, en mitad de la nada y con el cielo más estrellado que uno pueda imaginar —El Hierro es también Reserva Starlight—, es una de las experiencias más memorables que puede ofrecer una isla española. La tarde puede terminar en el Mirador y Parque Cultural de El Julan, donde los petroglifos dejados por los bimbaches, los habitantes originales de la isla, se visitan en ruta guiada reservando con antelación.
El tercer día es para el sur, el más cálido y el más marino de la isla. La Cala de Tacorón es la primera parada: una pequeña cala de roca volcánica multicolor —negra, rojiza, gris— con aguas tan transparentes y tranquilas que es uno de los mejores lugares de snorkel de las Canarias sin necesidad de moverse del litoral. Tiene zona de barbacoas y merendero, y los campers suelen aparcar aquí para pasar el día con tranquilidad. Más al sur está La Restinga, el pueblo más meridional de España, un pueblo pesquero pequeño y auténtico conocido mundialmente entre los buceadores por la calidad de sus fondos: la Reserva Marina de la Mar de las Calmas, con aguas cálidas y una visibilidad excepcional, es uno de los mejores destinos de buceo de todo el Atlántico.
El cierre del día y de la ruta puede ser el Parque Natural de El Pinar, en el centro sur de la isla, donde el camping de Hoya del Morcillo —el único oficial de El Hierro, con servicios completos y zona para autocaravanas en un bosque de pinos canarios a 1.200 metros de altitud— ofrece la mejor pernocta de la ruta. Para quedarse es necesario solicitar autorización previa al Cabildo de manera online, un trámite gratuito y sencillo. Desde allí, los Senderos de La Llanía —rutas circulares de dos a cuatro horas entre laurisilva y brezos— son el colofón perfecto para tres días en la isla más inesperada de España.
Descubrir El Hierro a tu propio ritmo, durmiendo junto al faro más occidental de España y despertándote con el Atlántico a pocos metros, es una experiencia que se disfruta mucho mejor en camper. Por eso, cada vez más viajeros apuestan por recorrer esta isla en autocaravana o camper con Yescapa, una forma de viajar que te permite parar donde quieras y vivir las Canarias desde dentro.
Almendra B
Prefiero las rutas menos conocidas, los pueblos pequeños, las tradiciones locales y los viajes improvisados.