Furgoneta camper
Ajaccio
4 viajeros
5,0Best Owner
A partir de
90 €

Córcega se llama a sí misma la Isla de la Belleza, y el nombre no es una exageración. La cuarta isla más grande del Mediterráneo combina playas de arena blanca con agua turquesa que compiten con las del Caribe, montañas que superan los 2.700 metros y que en invierno permanecen nevadas, bosques de castaños y pinos laricíos, acantilados de granito rojo, pueblos medievales encaramados sobre riscos, una gastronomía de charcutería, quesos y vinos que no existe en ningún otro lugar del mundo, y una historia que mezcla Génova, Francia y una identidad corsa que todavía hoy se defiende con orgullo.
Recorrerla en autocaravana con Yescapa durante una semana es la forma más completa de conocerla: las carreteras son sinuosas y lentas —lo que obliga a ir despacio, que es exactamente el ritmo que la isla merece— y la libertad de parar donde el paisaje lo pida es imprescindible aquí.
La ruta empieza en Bastia, la puerta de entrada al norte de la isla y la ciudad más comercial de Córcega. Su casco histórico —Terra Vecchia— tiene ese carácter de puerto mediterráneo que mezcla la arquitectura genovesa con el ambiente corso: la Place du Marché con sus terrazas animadas, la Iglesia de San Juan Bautista con sus dos campanarios que dominan el horizonte, el puerto viejo con sus barcas de colores y el Palacio de los Gobernadores, que aloja el Museo de Historia de Bastia, son los puntos más destacados. La tarde está reservada para el inicio del Cap Corse, la estrecha península que se proyecta hacia el norte como un dedo sobre el Mediterráneo. La carretera D80 que la rodea es una de las más espectaculares de la isla: acantilados sobre el mar, pequeños pueblos pesqueros colgados sobre el agua, torretas genovesas de vigilancia y vistas que alternan el Mediterráneo y la montaña. El pueblo de Nonza, con su torre negra sobre un acantilado y su playa de arena gris oscura, es uno de los más fotogénicos del Cap.
El segundo día recorre la Balagne, la región noroeste de Córcega que los corsos llaman el jardín de la isla. Saint-Florent, en el extremo oeste del Cap, es un pueblo de puerto animado con una ciudadela medieval bien conservada y la Catedral de Santa María Assunta, del siglo XII, en los alrededores. Desde Saint-Florent se puede llegar en barco hasta las playas del Désert des Agriates, un parque natural salvaje donde no hay carreteras ni urbanizaciones y donde la Playa de Loto y la Playa de Saleccia —con aguas turquesas y arena blanca que parecen del Pacífico— están consideradas entre las más hermosas de toda la isla.
L'Île Rousse, algo más al oeste, tiene su mercado cubierto de vida cotidiana —de los más animados de Córcega, abierto todos los días del año— y una isla de granito rojo que le da el nombre, conectada al pueblo por un paseo. Calvi, la capital de la Balagne, cierra el día con su ciudadela genovesa del siglo XV sobre un promontorio rocoso, sus playas largas de arena blanca y fina, y una vista desde las murallas al atardecer que convierte el Mediterráneo en una acuarela. Según cuenta la tradición local, Cristóbal Colón nació aquí, y la placa en la casa del barrio de la ciudadela es parada obligada para los escépticos.
El tercer día es para uno de los paisajes más impresionantes del Mediterráneo. La carretera D81 entre Calvi y Ajaccio es ya en sí misma una experiencia: discurre entre el mar y la montaña durante decenas de kilómetros, con vistas que se abren y se cierran en cada curva. El punto culminante es la Calanche de Piana, un Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO: una sucesión de torres, arcos y agujas de granito rojo de hasta 300 metros de altura que caen sobre el Golfo de Porto en formas que la erosión ha convertido en esculturas imposibles. A primera hora de la mañana, cuando la luz baja y el granito se enciende de naranja sobre el azul del mar, la imagen es de las más espectaculares que puede ofrecer una isla europea. Las rutas a pie entre las formaciones, con vistas al golfo, son muy accesibles desde los aparcamientos de la carretera.
Porto, en el fondo del golfo, tiene una torre genovesa perfectamente conservada sobre una roca en el mar y es el punto de partida de las excursiones en barco hasta la Reserva Natural de Scandola, declarada Patrimonio de la Humanidad y uno de los primeros espacios marinos protegidos de Europa. Sus acantilados volcánicos de color ocre y rojo, sus grutas y los fondos marinos con una biodiversidad excepcional —águilas pescadoras, buitres leonados, delfines y grandes bancos de peces— hacen de Scandola una de las visitas más emocionantes de toda Córcega. La única forma de acceder es en barco, y conviene reservar con antelación en temporada alta.
El cuarto día llega a la capital. Ajaccio es ante todo la ciudad natal de Napoleón Bonaparte, y ese origen marca todos los rincones de la ciudad: la casa donde nació, el Museo Fesch con la segunda colección de pintura italiana más importante de Francia después del Louvre, la catedral donde fue bautizado, la Plaza Foch con su estatua de primer cónsul y el mercado de la Plaza Abatucci —donde la charcutería corsa de lonzu, coppa y figatelli, los quesos de leche cruda de oveja y las mermeladas de maquis son las compras obligadas— conforman una mañana que se pasa sin notarse.
Por la tarde, la ruta se adentra en el interior hacia el macizo montañoso de Córcega, el más desconocido y el más salvaje. Corte, la antigua capital y única ciudad del interior, está enclavada sobre un espolón rocoso en el cruce de dos valles con una ciudadela genovesa impresionante y unas vistas de las cumbres nevadas que en primavera y otoño son simplemente memorables. A pocos kilómetros, el Valle de Restonica tiene uno de los senderos más populares de la isla: la ruta que lleva a los lagos de Melo y Capitello, por encima de los 1.700 metros, entre rocas de granito y agua helada de origen glaciar. Con la autocaravana alquilada con Yescapa es posible dejarla en el aparcamiento del inicio del valle y hacer la excursión a pie.
El quinto día desciende hacia el extremo más meridional de Córcega para descubrir la ciudad más dramática de la isla. Bonifacio está construida sobre un acantilado de caliza blanca de más de 60 metros de caída vertical sobre el mar, al final de una lengua de tierra tan estrecha que el mar entra por ambos lados. Su ciudadela medieval, de origen genovés del siglo IX, cuelga literalmente sobre el vacío: los cimientos de algunas casas quedan a la vista en los acantilados, y pasear por sus calles estrechas con el vértigo del mar bajo los pies es una de las experiencias más singulares de toda Córcega. El puerto, en el fondo de un fiordo natural, y las excursiones en barco hacia las grutas marinas de los acantilados completan una visita que los viajeros siempre recuerdan como uno de los momentos más intensos de la ruta.
Las playas del sur de Córcega son, para muchos, las más hermosas de la isla: Santa Giulia, Palombaggia —con sus pinos parasol sobre la arena roja y sus aguas de azul imposible— y Tamaricciu forman una secuencia de playas que a primera hora de la mañana parecen del Caribe. Porto Vecchio, conocida como la Saint-Tropez corsa, tiene un casco histórico elevado sobre la bahía con la Bastión de Francia y sus panorámicas al puerto, y una vida de terrazas y restaurantes que en verano no para en toda la noche.
El sexto día es para el interior sur y la costa este, los dos paisajes más contrastados de la isla. El Puerto de Bavella, en el corazón de las montañas del sur, es uno de los destinos de senderismo más espectaculares de Córcega: las Agujas de Bavella son una serie de torres de granito que se elevan hasta los 1.600 metros con una verticalidad que las convierte en objetivo de escaladores de toda Europa. El sendero que rodea el macizo —llamado el Tour des Aiguilles— ofrece perspectivas que cambian constantemente sobre estas formaciones y sobre el bosque de pinos laricíos que las rodea. Las pozas del Coscione, en los valles adyacentes, son perfectas para un baño en agua fría después del senderismo.
La costa este de Córcega, mucho más llana y menos frecuentada que la oeste, tiene un carácter diferente: largas playas de arena fina salpicadas de pinares, lagunas costeras y las ruinas de Aléria, una ciudad romana del siglo III a.C. que fue la capital de la isla durante la ocupación y que conserva un foro, unas termas y un museo arqueológico que contextualizan tres mil años de historia corsa en una sola visita.
El séptimo día cierra el círculo con una de las visitas más emocionantes de toda la ruta. Patrimonio, a pocos kilómetros de Bastia, está considerado uno de los pueblos más bonitos de Córcega y de Francia: casas de piedra oscura aferradas a una roca sobre el mar, una plaza central con la iglesia de Santa María Assunta y la Cisterna de los Genoveses, y un viñedo de la appellation Patrimonio que produce algunos de los mejores vinos tintos y moscateles de la isla. La bodega cooperativa del pueblo, que abre sus puertas a los visitantes, es la parada final perfecta: una copa de Patrimonio Rouge mirando el Cap Corse y el Mediterráneo es la mejor forma de cerrar una semana en una isla que, cuanto más se recorre en autocaravana con Yescapa, más razones da para volver.
Descubrir Córcega a tu propio ritmo, de acantilado en playa y de pueblo medieval en montaña, es una experiencia que se disfruta mucho mejor en autocaravana. Por eso, cada vez más viajeros apuestan por recorrer la isla en autocaravana o camper con Yescapa, una forma de viajar que te permite parar donde quieras y vivir el Mediterráneo desde dentro.
Almendra B
Prefiero las rutas menos conocidas, los pueblos pequeños, las tradiciones locales y los viajes improvisados.
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